Siete metros cuadrados (Corregido)

Siete metros cuadrados

Alejandro Diep Montiel

“Son 650 pesos mensuales”, dijo la señora Gilda tras mostrarme el cuarto de siete metros cuadrados que estaba a un costado de su casa. Una cama, una mesa, una silla y un clóset cumplían la promesa que hacía el anuncio en el periódico: “Se renta dormitorio amueblado”.

Se ubicaba en una zona segura y de fácil acceso, en una calle que salía a Periférico frente a Plaza Satélite. Tres personas y yo compartíamos el baño, la estufa, el refrigerador y la mesa de comedor. Solo tenía que caminar una cuadra para tomar el microbús que me llevaba a la universidad. Cerca había restaurantes de comida rápida, y a 10 minutos, una Comercial Mexicana.

Era un joven de 17 años que venía del estado de Hidalgo a cursar la carrera de Ingeniería en Sistemas. Toda mi vida había estado con mi familia. Si hubiera elegido una universidad en Pachuca, seguramente habríamos rentado una casa allá para seguir juntos. Pero elegí venirme solo a la ciudad porque ese siempre había sido mi sueño.

Pagué el primer mes y cambió mi vida. En la mañana tomaba clases en la universidad, por la tarde paseaba en las tiendas del centro comercial y en la noche leía en mi cuarto o platicaba con Juan Pablo, un chico de Guadalajara que también rentaba ahí.

Desde pequeño fui independiente, responsable, y gracias a la libertad que me daban esos siete metros cuadrados logré adquirir más conocimientos, relacionarme con otras personas y hacer nuevos amigos.

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